Cuerpo en llamas

Ocupaba el asiento posterior de un vehículo junto a unas cuatro personas. Nos dirigíamos a un lugar indeterminado. Unas compuertas blancas separaban la zona del conductor –situado a la derecha– y la del copiloto. En el momento que se abrieron sorprendí a O.G. al mando del volante. Aunque confiaba en él su conducción era un tanto temeraria. Las compuertas permanecieron abiertas y pude presenciar al cabo de pocos minutos como su pierna izquierda comenzaba a arder. Para mi asombro las llamas afectaron únicamente a su cuerpo y no se propagaron por la cabina. La combustión no le quemó, ni alteró visiblemente su aspecto, tampoco dio muestras de dolor en ningún momento, se limitó a seguir conduciendo.