Multilingüe

Para mi sorpresa hablaba simultáneamente varios idiomas. Los niños eran alemanes pero empecé a hablarles en inglés. Para enfatizar algunas palabras utilizaba el alemán. La conversación fue derivando hacia el francés cuando llegó una comitiva de artistas formada por dos mujeres. J. las acompañaba para acordar un primer encuentro que tendría su formalización a través de Skype. Las mujeres eran francesas y me explicaron largamente los motivos por los cuales querían formar parte de nuestro proyecto.

Me sorprendí a mi misma retomando el inglés con los niños después de conversar un buen rato en francés. Cuando regresé al catalán me pareció que había hecho lo que nunca antes había ni siquiera imaginado. Saltar con naturalidad del inglés al alemán, más tarde al francés, volviendo de nuevo al inglés, después al alemán con los niños y al catalán con J. Los niños me daban muestras de agradecimiento al dirigirme a ellos en alemán. Algunas frases las empezaba en su lengua para luego dar un giro y concluirlas en inglés. O empezaba en alemán para enlazar seguidamente con el francés.

En medio de tanta gimnasia lingüística aparecieron varios personajes, entre ellos B. Ella se interesó de forma muy vaga por el motivo de nuestra reunión y en cuanto pudo plantó su culo delante de mi cara. Acerté a tocar sus nalgas con las puntas de mis dedos y comprobé que pinchaban. Después supe que era el efecto de los pelos afeitados que emergían con fuerza de su epidermis. Abrió más sus piernas y me mostró su vagina palpitante. Entonces sus dedos comenzaron a acariciarme y cuando me di cuenta su lengua asomaba por mis labios inferiores. Me ruboricé por su osadía, estábamos en público sentadas en un sofá en forma de ele. A mi derecha tenía a B., a mi izquierda a J. que se mostraba irritado por la escena que le estábamos montando. La cosa continuó hasta que me negué a hacer un 69, con fuerza la aparté, desplacé su cuerpo y lo situé a mi izquierda. Entonces abrí ligeramente sus muslos y lamí suave con la punta de mi lengua adentrándome en el interior de su vagina, efectuando pequeños golpecitos de dentro a afuera. Tras el cunnilinguis B. se fue.

De nuevo volví a la conversación del grupo. Alguien me prestó su toalla y la dispusimos sobre la arena de una playa y más tarde sobre un césped formando un patchwork de colchonetas, esterillas y toallas. La superficie era cada vez más grande y nos permitía libertad de movimientos en aquél suelo improvisado. Ante mis ojos la superficie se fue volviendo poco a poco verdosa y asomaron pequeñas flores que quedaron mimetizadas sobre una recién brotada hierba fresca.