dedo meñique, El

En el cubo de la basura encontré la falange superior de un dedo. La recogí con un pañuelo de papel y comprobé que aunque no encajaba exactamente, bien podría amoldarse a la anatomía de mi dedo meñique. El ajuste se hizo visible después de rascar la carne en un intento de regenerar el tejido entre las dos partes hasta conseguir ensamblarlas.

Mi hermana M. me sorprendió en la operación e identificó aquel trozo como la falange de mi padre. Mi meñique estaba entero, no había sufrido ningún corte, ninguna amputación que hiciera suponer que aquél resto de carne con uña me pertenecía. Imaginé entonces que mi padre era su dueño y que el acoplamiento de ambas partes se debía más a la razón hereditaria de la deformación de mi hueso meñique, que a la posibilidad de haber perdido parte del dedo.