habitación creciente, La

La chica nueva se había instalado en la habitación de enmedio. Un espacio que había crecido con el tiempo desde el cuarto de los trastos hasta convertirse en un lugar amplio y rectangular con dos camas individuales.

A los pocos días empezaron a aparecer algunas cajas y maletas. Dos días más tarde G.H. ocupó el espacio con su novia, también antropóloga. Una mañana encontré en el pasillo una antigua máquina de coser que habían colocado allí como parte de la decoración del piso. Y es que como la casa era tan luminosa y con tantos espacios libres, los nuevos ocupantes se habían animado en ir trayendo sus cosas y me estaban decorando las estancias a su gusto.

En otra ocasión apareció en uno de los rincones contiguos a mi habitación una estufa de gas de dimensiones reducidas. Era un modelo clásico, gris, con formas elegantes y muy estética. Aquellos cambios iban a más y era extraño el día que no me topaba con algo nuevo, como un objeto, una mochila o una bolsa de viaje por abrir. Una tarde me asomé de nuevo a la habitación creciente. Ahora era previsiblemente más grande y en vez de dos camas individuales, había una cama individual y una de matrimonio de madera oscura con barrotes y bastante aparatosa. Después supe que había pertenecido a los abuelos de G.H..

Y así se sucedían las semanas. Lo que no me parecía bien de todo aquello fue que la pareja recién instalada no me había pedido permiso, ni me había comentado nada en ningún momento. Tampoco me había cruzado con ellos. Pero razón de más pensé, para intentar algún tipo de interlocución. Por lo que me comentó después la chica nueva, G.H. estaba en una situación crítica; se había quedado sin su trabajo de profesor en la universidad y ni siquiera podía pagarme un depósito por la habitación. Tan solo podía adelantarme diez euros. Estaba muy afectado por todo aquello y disponer de mi piso, que por otra parte estaba medio vacío y a punto de entrar, había sido su tabla de salvación. Por si fuera poco yo compartía habitación con J.

Empecé a hacer cálculos mentales del alquiler a repartir entre todos, de momento seis personas. Se lo tendría que comentar a C. en algún momento, ella fue la primera en llegar y ocupaba la habitación mayor, quizá no se molestaría con aquellos cambios.