cruz, La

Recorrí mentalmente el acceso. En total veinte minutos hasta llegar a la cruz ubicada en lo alto de la colina del monasterio de Lluc, la vía de los misterios, un camino de amplias escaleras empedradas que desemboca en su primer tramo a un balcón al paisaje de los olivares. El sendero continúa y atraviesa un tupido bosque de encinas y castaños enraizados entre rocas escarpadas, es el bosque de la Sierra de Tramontana en el norte de la isla. Otra posibilidad era subir directamente por las escaleras casi verticales hasta el promontorio de la cruz.

Tumbada boca arriba puse mis manos sobre el ombligo cargando mi cuerpo de energía. Después situé mi mano derecha entre el ombligo y el pubis para finalmente descender sobre el hueso del pubis. Me desperté en esta posición y retirando mis manos por miedo a una sobre-exposición energética, giré sobre mi costado derecho continuando mi vía crucis a la cima. Sentí el efecto del sueño reparador. La energía recorría mi cuerpo, las burbujas me pellizcaban y ascendían como cosquillas efervescentes desbloqueando la musculatura. Y con esta sensación reconfortante me sumergí nuevamente en las brumas acariciantes del descanso nocturno. Dormir, el mejor de mis sueños.