zona, La

Con paso sigiloso alcanzó nuestra zona. Desde atrás pude ver como Núria se adentró para tomar al felino desprevenido. Era una locura, no entendí sus intenciones hasta que se puso con firmeza a plantar cara a la bestia. Su hermana Montse permanecía escondida tras los porticones de los balcones, eran su única defensa.

La alambrada separaba la zona. A un lado las bestias al otro la ciudad. Cuando volví a mirar observé como el animal atravesó sin ninguna dificultad la valla y se adentró en la zona habitada. Desde mi ventana comprobé con horror que había burlado todas las barreras y cruzaba inmune el umbral.

Sin mediar palabra, grito o mirada Núria tomó a la bestia por el pescuezo y empezó a estirar de el hacia arriba. Atenazó con firmeza su garganta y el cuello se alargó como chicle. Inmovilizada, la bestia no podía girar la cabeza y daba muestras de ahogo. Núria mantuvo con valentía la presión y fue estirando más y más hasta dejarla fuera de sí. Al poco tiempo el animal yacía en el suelo exhausto y Montse pudo salir de su escondite sin el menor rasguño.

El límite entre las zonas era en extremo vulnerable. Con seguridad se podría afirmar que aquella no era la primera incursión que ocurría y que tampoco sería la última. Un bonito ejemplar de pantera menos.