caída, La

Dieron aviso que una mujer había caído por el balcón. Al bajar a la calle encontré en la esquina con Viladomat y parcialmente tapado por un plástico azul, el cuerpo de una mujer tendido en la acera. Justo en el mismo lugar y en la misma posición donde unos cuatro meses atrás se desplomó una señora de unos sesenta años. La mujer permaneció un buen rato tendida junto a su bolso abierto, mientras una pareja de la guardia urbana la custodiaba y daba el parte al servicio de emergencias. Aquél día pude hablar con la señora y le pregunté si quería que llamara a alguien, que yo era vecina y podía dar aviso. Con un gesto incómodo el guardia urbano hombre me despachó dando cuenta que ellos estaban a cargo de todo.

A la mujer de hoy sin embargo la encontré rodeada de ambulancias amarillas, que hacían girar sus sirenas luminosas inundando con destellos rojos las cuatro esquinas del cruce en mitad de la tarde. Alguien anunció que ya no había nada que hacer, que el cuerpo era ya cadaver. Según comentaron algunas personas presentes la señora, de unos 60 años, cayó por el balcón. A pocos metros de la difunta y en el umbral de las dos porterias contiguas yacían dos mujeres más en el suelo. Rondaban la misma edad, a decir por sus batas estampadas y zapatillas domésticas. La misma versión: sus cuerpos cayeron al vacío desde sus respectivos balcones.