Creta hundida

Aparecimos en el comedor de la primera casa del pueblo siguiente, sus habitantes nos miraban perplejos. Para nuestro asombro las casas se comunicaban por intrincados pasillos que acortaban distancias entre las habitaciones y los portales de las diferentes viviendas. Desde Gavá entramos a una de las casetas de pescadores de la playa buscando refugio a un fuerte temporal marítimo que azotaba la primera línea de mar y desde allí llegamos atravesando interiores domésticos sucesivos al pueblo costero vecino. Cuando narrábamos nuestra azaña la gente se mostraba al inicio incrédula, después se percataban que nuestra presencia allí era la demostración misma de aquél tránsito inexplicable.

En la última sala de estar que visitamos sus habitantes nos dieron la noticia que parte de Creta había desaparecido. La parte atlántica nos comentaron, yo supuse que se refería a la zona occidental de la isla. Aquella misma noche, mientras nosotros transitábamos por el laberinto de habitaciones la tierra tembló y el mar borró para siempre un pedazo de la isla del rey MInos. Imaginé la potencia del seismo para hacer desaparecer de un plumazo unas montañas tan altas, un relieve tan accidentado. Era el mismo mar enfurecido que el nuestro, el que devoró hacia el abismo marino un pedazo de Creta.