Pequeñas ofrendas

Junto al palacio se alzaba una construcción singular. A medida que nos acercábamos el edificio cobraba mayor relieve entre la vegetación salvaje del arroyo. Surcados por canales de agua cristalina, atravesamos los jardines del edificio flanqueados por chorros que salpicaban con fuerza el flujo de la corriente. A ambos lados del canal principal se abrían hermosas flores de pétalos vistosos. Las flores resultaron ser niñas ataviadas de coloridos vestidos que sostenían con gracia unas hojitas verdes al tallo de las plantas. Impúberes peruanas que como ofrendas vivientes se entregaban para la ceremonia de los despachos en honor a la Tierra. Cada uno de nosotros disponía de una corte de aquellas pequeñas almas para oficiar su propio ritual. Agradecidos nos preparamos para los actos.