nacimiento, El El agua caliente me reconfortaba. Llené la bañera. Entré tomando el pulso a la temperatura. Una vez dentro recosté mi espalda, flexioné mis rodillas y pude observar que desde mi sexo asomaba una bola blanca con un poco de pelo. El volumen de la televisión estaba muy alto, era inútil gritar. Así que no pude avisar a nadie para que me asistiera. Empecé a deslizar la cabecita hacia fuera, mientras la mano izquierda sostenía el cuerpo viscoso que emergía de mis entrañas. Cuando estuvo todo el cuerpecito fuera le di a probar en su boca los restos de leche que tenía en mi mano. La criatura no reaccionó. Me incorporé y salí de la bañera como pude con el bebé pegado a mi pecho. Me senté en la tapa del water y lo abracé temblando entre mis brazos. Con la punta del dedo fui estimulando sus labios hasta que empezó a succionar como si se tratara de un pezón. Era precioso, muy blanco, con la piel suave y sin rastro de sangre. La tele seguía a todo volumen cuando mi hermana M. abrió la puerta del baño del piso familiar en Barcelona. Mi madre corrió apresurada y tras inspeccionar al bebé me aseguró que deberían intervenirme para extraer el cordón umbilical. El nacimiento (2012) Lápiz sobre papel. Navegación de entradas Arqueologíacruz, La