Flotación azul Descansaba bajo el agua de la pesada gravedad cuando sentí la necesidad de llenar mis pulmones de aire. Eran aguas profundas y tranquilas. Volví a sumergirme y desde el abismo emergió una figura humana. La seguí y me llevó nadando por un desfiladero rocoso hasta llegar a un espacio de increíble belleza azul. Allí, entre corales luminosos y vegetación flotante ondeaban grandes cuerpos amarillos. Flores esféricas gigantes se abrían con gracia a nuestros cuerpos y nos invitaban a reposar, divanes orgánicos suaves y mullidos suspendidos en un horizonte líquido. Sobre aquellos pétalos submarinos reconocí caras muy familiares. Estaba recostada con placer M. y la familia W. de Sabadell al completo. Avancé suspendida sobre el fondo brillante del paisaje azul turquesa del mar, me recliné sobre uno de los cuerpos esféricos y descansé. Cuando quise sacar de nuevo la cabeza para respirar no tuve ninguna necesidad de tomar aire. M. me acababa de enseñar a oxigenarme en aquellas aguas poco profundas. Al incorporarme advertí que el nivel del agua me llegaba a un palmo por encima de la cintura. Pronto aprendí a no tener que salir a la superficie y a disfrutar de mi respiración acuática, podía prescindir del oxígeno del exterior. Me reconforté en aquel ambiente líquido, ligero y fluido y olvidé por completo de tomar aliento del pesado aire. Me entregué a la flotación azul sobre pétalos amarillos. Navegación de entradas MultilingüeRaval ya no es, El