Laberinto II

Salimos del bar y caminamos Ramblas arriba. Esa misma tarde la Makabra protagonizó un acto de protesta en la presentación del plan estratégico del Instituto de Cultura. Camino con el portavoz del grupo, esta noche estoy sola y acceso a que venga a dormir a casa. Desde que los desalojaron de Can Ricart están durmiendo en la calle. Entonces caigo en la cuenta que aunque muy grande solo dispongo de una cama y tendremos que dormir juntos. De camino a mi piso entramos en el salón recreativo de las Ramblas a la altura de la Virreina. Nos adentramos en diferentes salas hasta que vamos a parar a un gran espacio subterráneo escenografiado como una antigua estación de metro. El lugar es gris y vacío, con aspecto de abandono. Recorremos pasillos y túneles estrechos de paredes flexibles y acolchadas. No existen puertas, los umbrales son hendiduras que por la presión de nuestros cuerpos se abren a salas contiguas. A través de ellas llegamos arrastrándonos a un cubículo esférico y blanco. Suspendido en mitad del espacio cuelga una hamaca y empotrada en la pared preside la estancia una pantalla de plasma apagada. Es la una de la madrugada. El portavoz de la Makabra visiblemente transformado en una atractiva chica se estira perezosamente en la hamaca. Yo me incorporo a su lado vencida por el cansancio. Si permanecemos mucho rato me dormiré –pienso mientras se me cierran los ojos–. El habitáculo tiene además una rotación extraña, no cesa de balancearse ligeramente como si fuéramos en barco. Estoy mareada y me da miedo quedarme dormida en este sitio tan extraño. El chico convertido en chica me comenta entre bostezos que el local cierra a las dos y que antes que nos durmamos nos echarán seguro a la calle. Asustada ante el temor de quedarme allí encerrada me incorporo de un salto. ¡Hay que encontrar cuanto antes el camino de salida!Estamos desorientadas. No tengo clara nuestra posición en el interior de estos pasillos. No se si tenemos que subir, bajar, ir hacia adelante o hacia atrás.Finalmente accedemos a la salida reptando por un largo túnel. Desde una rendija entreveo una parte de la fachada que esconde tubos de ventilación, maquinaria y artilugios del sistema de refrigeración. Al llegar a la calle observamos que el edificio y todas las construcciones adyacentes han sido completamente vaciadas en su interior. Y que tras la fachada, en estado ruinoso, se aloja todo el entramado de un laberinto terrorífico de pasillos y efectos especiales. Todo diseñado con una tecnología sospechosa con la desaparición de cuerpos.