Volteretas

Amanecía cuando me desperté. Sentí como en la noche anterior las piernas entumecidas del calor y de las horas sentada frente al ordenador.
Ahora debía moverlas, forzarlas en el aire para sentirlas vivas. ¡Ay! pero si las muevo despertaré a J. tal como ocurrió ayer –recordé de inmediato.

Di media vuelta e intenté volver a dormir. Entonces fue cuando mi cuerpo se incorporó. Las pesadas piernas le siguieron y una vez en el aire se volvieron ligeras. Me sentí por fin aliviada. Ahora una vuelta más y en silencio para no despertarlo. Cada vez volaba más alto sobre la cama. Probé a hacer una pirueta hacia delante, una voltereta en el aire… y después hacia atrás dos volteretas seguidas.

¡Era tan divertido! no podía parar de reir. Me movía en libertad, feliz como una pluma en el aire. Mi risa se volvió estridente. Me puse la mano en la boca para sofocar el ruido y desplegando una última acrobacia en el aire regresó mi cuerpo a la horizontalidad de la cama. Con la cabeza hacia atrás y la espalda arqueada giraron mis piernas en bloque hasta introducirse suavemente entre las sábanas.