Tren de medianoche Huyo de la ciudad en el tren de medianoche rumbo a mi destino. Atravieso España abrazada en el túnel de la distancia espacio tiempo. En el horizonte mil jinetes custodian el trayecto. Me acuna la litera al vaivén del coche-cama sobre el camino de hierro. Caballeros al galope alzan el estandarte y apuntan sus espadas al firmamento lunar de la meseta castellana. Antes de concluir el trayecto nos apeamos en una estación suburbial de Madrid. Encontramos el atajo que nos lleva al río, tras la persiana entreabierta de la tienda de ultramarinos de la calle mayor está la entrada. El camino nos conduce al caudal fluvial. Recorremos su límite de piedra en piedra saltando sobre el agua, piedras azules eléctricas, verdes espectrales y de cyan intenso. Alcanzamos el final con los zapatos salpicados de agua fosforescente. Presiden el espacio esculturas de homenaje, un ciervo a tamaño real sin cabeza, junto a él una reproducción en miniatura del animal entero. Retrocedemos por donde llegamos hasta la persiana entreabierta de la tienda, todavía es de noche. Regresamos a la estación. Podemos subirnos al próximo tren o aventurarnos a llegar a Madrid paisaje a través. Hemos de tomar una decisión antes del amanecer. Navegación de entradas Prueba videoSelva adentro