Mudar la piel

La cama era el envoltorio sobre el que descansaba mi cuerpo. Las sábanas daban síntomas de desgaste, el colchón comenzó a desintegrarse y aparecieron pequeños gusanos blancos en su interior. La indicación era clara, tenía de deshacerme de aquello. Iba a mudar la piel. Con la sensación que había llegado el momento de librarme de una gruesa capa de piel muerta, el colchón y las sábanas se retiraron. Fui cubierta por dos grandes hojas blancas.  Me sentí ligera entre los delgados y enormes papeles lisos. Al tacto su superficie se me ofrecía como una enorme página en blanco para ser escrita con mi vida.