Jardín octogonal Ascendí la colina por el sendero siguiendo un pequeño arroyo de aguas subterráneas. La tierra seca formaba conglomerados fértiles en su proximidad a la humedad del oasis. Caminaba entre juncos de escasa altura, a cada paso la arena se escurría bajo mis pies. Más tarde contemplé la amplitud del paisaje con la colina en el punto de fuga y observé que el espacio que se dibujaba y por el que había estado transitando era un jardín octogonal. La figura geométrica que se trazaba era perfecta, y alcanzó su brillantez máxima cuando se mostró blanca como una fina superficie de mármol levitando sobre el mismo espacio. En su perímetro crecía la vegetación propia de la zona. La antesala al jardín comprendía el área de vivienda. No había construcción alguna, tan solo las marcas sobre el terreno que la delimitaban. El conjunto permanecía a cobijo de la intemperie y de las estrellas, en él se erigía aunque sin paredes una casa. Reconocí el sitio, había sido mi hogar. Navegación de entradas Mudar la pielTr3s lunas