Maniobras en la oscuridad

No me atreví a abrir los ojos no fuera que me cogiera vértigo. Mientras mi cuerpo ejercitaba lo que yo llamo vuelos nocturnos, mi mente surcaba a través del sueño carreteras de asfalto y caminos de arena en un viaje de imágenes veloces.

El vacío de la noche amplifica los sonidos. Me divertí como nunca escuchando en mitad de la noche mi propia risa y exclamaciones. Me lo pasé en grande tratando de no hacer demasiado ruido, hasta que me vino la certeza de hallarme en mi habitación de adolescente, rodeada de mis cosas de entonces. Apreté los párpados con fuerza con la última pirueta, temí que me sobreviniera un mareo repentino con tanta acrobacia.

Lo último que recuerdo es la proyección mental del espejo del recibidor frente a la puerta abierta de mi cuarto, reflejando mi cama y mi cuerpo levitando sobre ella. Apreté todavía más los párpados, no quise verlo. Aquella imagen me inquietaba y me vino el recuerdo de sentirme observada por el visitante nocturno que en mi adolescencia se me había presentado en esa misma habitación.